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La pandemia de COVID-19 se ha cobrado ya dos millones de vidas, con nombres y rostros, y solo podemos atajar este virus de una manera: desde la unidad.
La ciencia cosecha éxitos y ya hay vacunas contra el COVID-19 seguras y eficaces, que deben considerarse bienes públicos mundiales, accesibles y asequibles para todos y todas.
Para que la campaña de inmunización sea efectiva, necesitamos que los Gobiernos cumplan con su deber de proteger a su población, sin caer en el “vacunacionalismo”. Las principales economías del mundo tienen una responsabilidad especial en evitar una brecha en la vacunación entre los países de altos ingresos y los pobres.
También necesitamos que los fabricantes intensifiquen su compromiso de garantizar un suministro suficiente y una distribución justa.
Y necesitamos aumentar el nivel de conocimiento y confianza de la población en la vacuna por medio de una comunicación efectiva basada en hechos.
Entretanto, tomemos medidas sencillas y de eficacia probada: mascarilla, distanciamiento físico y evitar las aglomeraciones.

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