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¿Te imaginas pasar un invierno en un edificio a medio construir? Eso es lo que hacen Hanaa y su familia. Tras huir de Siria, encontraron refugio en un edificio en construcción en Líbano. ACNUR pone a su disposición materiales que les permiten protegerse del frío y las goteras.

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Es un día frío y lluvioso. Es invierno en el sur de Líbano. La familia Ali afronta la estación en este edificio abandonado. Este espacio abierto es su salón. Cuando llegaron a Líbano desde Siria, fueron unos sin techo hasta que el dueño del edificio les ofreció un espacio sin pagar alquiler.
El invierno es duro. Hay humedad y goteras. Hay mucho viento y cuando hay tormentas hace mucho frío. Llevamos dos años con goteras. A veces, cuando los niños se despiertan, hay agua bajo los colchones
Abdul Fatah padece epilepsia y no puede trabajar, así que depende de la ayuda humanitaria y del empleo de su hijo de 15 años. No tengo medios para pagar. No puedo pagar mis medicinas ni un alquiler. Mi hijo no puede permitírselo. Nadie te da un apartamento gratis.
Las cosas han empeorado desde que enfermó. Al principio estábamos mejor.
Más del 50% de los refugiados sirios en Líbano han buscado refugio en espacios precarios como edificios abandonados, garajes y comercios. ACNUR apoya a estas familias dándoles algunos materiales básicos.
Para este tipo de refugio en particular las ayudas para el refugiado consisten en lo que denominamos “paquetes de impermeabilización” o “paquetes de cerramiento”, que contienen madera contrachapada y lonas de plástico que la familia puede poner en su refugio o en el edificio sin terminar para cerrar el espacio y aislarlo de elementos como vientos, inundaciones, lluvia…
Abdu Fatah dice que empleará la madera para reforzar el techo y las paredes. Estos materiales ayudan.
Ha sido muy duro, pero este invierno será un poco mejor por los materiales que nos ha dado ACNUR. Evitan que el agua entre. Teníamos el techo lleno de goteras.
En esta habitación donde duermen todos, el calefactor mantiene caliente a la familia a pesar de las corrientes.
A veces, Abdul Fatah dice que se siente impotente, pero no ha perdido la esperanza de que, algún día, las cosas cambien.