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La zona del lago Chad se ha convertido en la válvula de escape para cientos de Nigerianos que huyen de sus hogares perseguidos y masacrados por Boko Haram. Los campos de refugiados reciben un flujo imparable de personas aterrorizadas, familias separadas, niños solos y todos con una situación terrible de carencia, además del terror reflejado en sus rostros.