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La estación de las lluvias se cierne amenazante sobre el cielo de República Centroafricana. Esas lluvias traen mosquitos y malaria. Hay muchos desplazados hacinados en campos de refugiados improvisados en la zona de Bangui y se lucha contrarreloj en un ambiente hostil y peligroso, contra uno de los asesinos de niños más efectivos, la malaria.
Una simple mosquitera puede evitar contraer la enfermedad, especialmente cuando no se tiene acceso al tratamiento.
El conflicto tampoco ayuda.