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Pese a los esfuerzos de UNICEF y sus aliados, los niños malíes desplazados por el conflicto siguen sufriendo carencias. Miles de niños no pueden acceder a clases por la falta de medios. Las carpas son necesarias para proteger de las inclemencias del clima a niños y adultos y no se pueden limitar al uso educativo. Los profesores son pocos y hacen hasta 3 turnos de clases diferentes. Los cursos están mezclados. En resumen, que conseguir acceder a clase es una ventaja que puede facilitar el futuro a unos niños que han perdido sus hogares, su familia y su país por un conflicto que no entienden.